Entre enero y junio de 2026 se confirmaron 4.699 ataques de ransomware en el mundo, lo que representa un incremento del 16,5% frente al mismo periodo de 2025, de acuerdo con el análisis presentado por ESET (empresa internacional de seguridad). Las cifras muestran que esta modalidad de cibercrimen continúa creciendo y, además, opera con una estructura cada vez más profesional.
El ransomware es utilizado por grupos criminales para comprometer los sistemas de una organización y ejercer presión sobre ella. Su principal ventaja para los atacantes es que explota una necesidad urgente: recuperar la continuidad del negocio y reducir el impacto provocado por la interrupción de las operaciones.
Una de las razones detrás del crecimiento es la consolidación del llamado ransomware como servicio, conocido como RaaS. Bajo este modelo, grupos especializados ponen su infraestructura, herramientas y conocimientos a disposición de otros delincuentes, lo que facilita que nuevos participantes se sumen a estas operaciones.
El fenómeno se parece cada vez menos a la actividad aislada de una persona y más a una industria clandestina, con funciones diferenciadas, servicios especializados y colaboración entre distintos actores.
No todas las empresas son atacadas por la misma razón
Los sectores más afectados fueron los de servicios empresariales, manufactura y tecnología. La elección no es casual: los atacantes se concentran en organizaciones donde detener las operaciones puede resultar especialmente costoso.
En una empresa manufacturera, paralizar una línea de producción puede representar pérdidas millonarias. En el sector de servicios, una interrupción puede afectar a clientes, contratos y compromisos comerciales. En tecnología, el impacto puede extenderse rápidamente cuando la víctima es un proveedor de software o servicios utilizado por otras compañías.
Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, explica que la continuidad del negocio se ha convertido en uno de los principales mecanismos de presión utilizados contra las víctimas. Cuanto más costosa sea cada hora de inactividad, mayor puede ser la presión para pagar un rescate.
La transformación digital también amplía el número de posibles puntos de entrada. Las empresas dependen cada vez más de servicios en la nube, accesos remotos, proveedores y terceros. Cuando estas conexiones no están adecuadamente protegidas, pueden convertirse en oportunidades para los atacantes.
América Latina también está en la mira
Estados Unidos fue el país con más ataques confirmados durante el semestre, con más de 2.000 casos. Le siguieron Alemania, Reino Unido, Canadá y Francia.
En América Latina, Brasil registró más de 100 víctimas, seguido por México, con cerca de 80; Argentina, con 39; y Colombia, con 33.
La telemetría de ESET también detectó 195 instancias de ransomware en Brasil entre enero y mayo, relacionadas con nueve familias que operan bajo el modelo de ransomware como servicio.
Estas cifras muestran que la región no está fuera del radar de las organizaciones criminales. La digitalización de las empresas, la dependencia de proveedores tecnológicos y la necesidad de mantener las operaciones disponibles hacen que compañías de distintos tamaños puedan resultar atractivas para los atacantes.

